miércoles, 22 de julio de 2020

La salud en el Refranero






Aunque parece que hay personas que les da lo mismo, en estos tiempos del Covid 19 nos hemos dado cuenta de lo importante que es la salud para el ser humano y por consiguiente todo lo relacionado con la enfermedad.

Al igual que en otros aspectos de la vida, el refranero español está lleno de dichos y frases que expresan la sabiduría popular sobre el hecho de enfermar o de sanar. De una manera amena vamos a citar algunos refranes relacionados con dicho tema.

Ya sabemos que el dinero no lo es todo en esta vida, por eso parece claro  que “Entre salud y dinero, salud quiero” o “De que te sirven tus bienes si salud no tienes”. Pero también se dice: “Quien salud no tiene, de todo bien carece”.
Hay refranes que ponen de manifiesto los elementos que benefician a nuestra salud: “Aire puro y agua clara harán tu vida sana”. Donde entra el aire y el sol, no entra el doctor”. “Limpieza y sanidad son amigos de verdad”. “No hay cosa más sana que comer en ayunas una manzana”. Aunque en esto de la comida hay refranes contradictorios: “Al dolor de cabeza, el comer endereza”, o “Al flato con el plato” se opone este otro más conocido: “De grandes cenas están las sepulturas llenas”. Y si hablamos del buen comer: “La mejor medicina es la buena cocina”. Pero el refranero también nos invita a comer con frugalidad: “Comer verduras es cordura”, aunque “Agua fría y pan caliente, nunca hicieron buen vientre”.

Para poner remedio a nuestras enfermedades están los doctores, pero estos en la mayoría de los casos no salen bien parados en los refranes: “Donde hay más doctores hay más dolores”. “El médico que mejor cura, a algunos manda a la sepultura”. “Lo que el médico yerra, lo tapa la tierra”. Cuando a un enfermo dos médicos van, toca a muerto el sacristán”.

Tampoco tienen buena prensa los farmacéuticos y boticarios: “Boticario que equivoca el tarro, manda al enfermo a mascar el barro”. “Curar a todos con un mismo ungüento es loco pensamiento”. Para algunos es preferible gastarse el dinero en otras cosas antes que en medicinas: “Dinero de maldición el que va a la botica y no al bodegón”.

Muchas veces queremos la salud al completo sin darnos cuenta de que lo normal son los valores intermedios, por eso: “Mucha salud no es virtud”, y este otro que nos indica que las personas  enfermas que se cuidan suelen vivir muchos años: “Hombre enfermo, hombre eterno”. Así que: “Paciencia hermanos y moriremos ancianos” y “Si quieres vivir sano hazte viejo temprano”, es decir que debemos ser comedidos y no derrochar nuestras energías, por eso aquí os dejo este último: “Si quieres llegar a viejo, guarda aceite en el pellejo”.





sábado, 13 de junio de 2020

La noche de las natas









Antes de la industrialización de los productos lácteos, en las zonas tradicionales en las que había ganadería vacuna, existían ciertas maneras artesanales de elaborar y procesar los derivados de la leche.

Una de ellas era dejar reposar la leche por la noche al sereno, para que subiera la nata y después poder hacer mantequilla y distintos productos obtenidos de la leche.


Las Rondas que se realizaban los meses que van del final de la primavera hasta el final del verano y en especial las noches de San Juan y San Pedro, eran llamadas Las noches de las natas. En la Montaña palentina los mozos enramaban las casas del pueblo con ramas de chopo y debajo de sus balcones y ventanas cantaban canciones de ronda a las mozas de la localidad. Eran correspondidos con leche que habían dejado natar durante dos días (en esa época del año era cuando la producción  lechera era más abundante).

“Levántate morenuca,
y asómate a la ventana,
verás cómo canta el cuco
en la Peña de Tremaya;
levántate.
(Polentinos, Palencia)

Si no eran obsequiados con la leche, intentaban robar a los dueños de la casa quesos o los cacharros con postres que estaban en las reposaderas o ventanas.

En Cantabria, sobre todo en la zona de la Liébana y la comarca de Campoo, existía la costumbre de “ir a natas”, es decir los mozos por la noche iban por el pueblo a ver quién tenía la leche al sereno para coger las natas. Recorrían todas las casas en las que había mozas solteras. Debajo de sus ventanas cantaban canciones de ronda similares a las marzas. Ellas les ofrecían una buena puchera de leche o algún postre lácteo, o también una jarra de vino y fruta.

“Asómate a esa ventana,
cara de luna brillante,
que aunque yo no te pretendo,
conmigo viene tu amante”
(Campoo de Suso, Cantabria)

Al finalizar se despedían de la casa diciendo:” Que San Antonio os guarde por muchos años las vacas”. En caso de no recibir las natas, la muchacha podía quedarse sin su ramo en la ventana la noche de San Juan o ver como desaparecían las cantaras de leche que se estaban enfriando en las ventanas. A la moza roñosa la cantaban una especie de marza rutona:

“La Gallarda no da leche,
la majita se estrelló,
vayámonos de aquí muchachos,
que ésta ya
 nos la pegó”




jueves, 7 de mayo de 2020

Albarcas y madreñas








El estado de alerta en el que estamos, nos ha traído costumbres de antaño que teníamos casi olvidadas, recordándonos el buen hacer de nuestros antepasados, como por ejemplo cuando se usaba cierto tipo de calzado que se dejaba a las puertas de las casas y con él se salía fuera de la vivienda. Con ello se procuraba no meter barro y suciedad dentro del hogar y mantener limpio el calzado que no se usaba para el trabajo, es decir los  zapatos que se ponían en contadas ocasiones.

Este calzado se denomina de varias formas dependiendo de localidades y comarcas, normalmente de la zona Norte España. Sus nombres más comunes son: Albarcas, madreñas, abarcas, galochas, almadreñas, zoca etc., siendo las más usadas albarcas (Cantabria, Montaña palentina y burgalesa) y madreñas (Asturias, León y Galicia).
Que cuando bailo, ¡leré!
calzó galochas
suenan los clavos, ¡leré!
sobre las rocas
sobre las rocas, ¡leré!
sobre las peñas
que cuando llueve, ¡leré!
calzo madreñas

(Jota de Boñar, León)


Pues bien la albarca o madreña es un calzado de madera parecido al zueco holandés, hecho de una sola pieza, normalmente de abedul, haya, fresno, aliso, nogal… que se apoya en tres tacos llamados tarugos o machorras y que se van reponiendo cuando se desgastan o rompen al caminar. Suelen estar hechos de madera de avellano o de roble joven. A partir de la mitad del siglo XX, en vez de tarugos se colocan clavos o gomas.

En un principio se ponían con los escarpines y más tarde con las zapatillas o con calcetines gruesos (piales), sirviendo para defenderse del barro y de las humedades del suelo sin cambiarse de calzado, dejándose a la entrada de la vivienda.
Se diferencian las de hombres y mujeres además del tamaño, la forma y decoración siendo más fina para mujeres y más tosca para los hombres. Antiguamente el color variaba, usando el negro para sacerdotes y viudas y marrón para el resto. Para darles color se usaba leche de vaca recién parida y se tostaba el calzado al fuego.

El albarquero era el encargado de construir las albarcas  y el madreñero las madreñas. Era un oficio artesanal que se compatibilizaba con las labores del campo y la ganadería. Tallar una albarca podía llevar entre 20 y 30 horas. Todo hecho a mano. De cada trozo de madera surge uno de estos zuecos, al que solo se agregan los tarugos.

Casi todas las zonas de Asturias eran productoras de madreñas, pero los concejos de Caso, Somiedo, Lena y Aller han sido los núcleos de producción principales, que extendían su influencia mucho más allá del concejo, incluso exportando considerables cantidades de madreñas hacia las zonas limítrofes. Por ejemplo a principios de los años sesenta del pasado siglo XX, había 60 artesanos sólo en Pendones, que hacían 1.500 pares al año, o en Tarna, en la década de los cincuenta, se llegaron a contar 105 madreñeros. El clima húmedo y el terreno accidentado, propició su supervivencia y éxito en las zonas rurales, ya que supusieron una adaptación perfecta para transitar por los caminos llenos de barro, pero por lo que sobreviven es sobre todo por su diseño perfecto.

Finalmente comentar que en el pueblo de Burón en la provincia de León, su alcalde ha sacado un bando en el que recomienda el uso de las madreñas para combatir el contagio del covid 19, ya que asegura que “la costumbre de dejarlas fuera de las viviendas puede contribuir a no extender el virus”.



miércoles, 15 de abril de 2020

Santo Toribio pan y quesillo










Este año no habrá en Palencia la Romería de Santo Toribio y por consiguiente tampoco la tradicional pedrea del pan y el quesillo (ver en este blog “la pedrea de Santo Toribio” del 16 de Abril de 2013).Esta fiesta tan popular a la que no han impedido celebrarla ni el mal tiempo ni las vicisitudes económicas de épocas pasadas, este año tendrá que suspenderse por el mal bicho del corona virus.

Santo Toribio vino a Palencia a combatir la herejía del Priscilianismo allá por el siglo IV. Fue ésta una doctrina cristiana predicada por Prisciliano en el siglo IV que, basada en los ideales de austeridad y pobreza, instaba a la Iglesia a abandonar opulencias y riquezas y a dedicarse a los pobres. Además, condenaba la esclavitud y concedía gran libertad a las mujeres, a las que hacia participantes activas de
los templos y liturgias. Recomendaba la abstinencia de alcohol y el celibato, aunque permitía el matrimonio de monjes y clérigos y utilizaba el baile como parte de la liturgia, negándose también a condenar algunos libros apócrifos prohibidos por la ortodoxia de la Iglesia.

Según cuenta la leyenda, Toribio fue recibido a pedradas por los palentinos y tuvo que refugiarse en las cuevas que había en el cerro del Otero. Una gran inundación provocada al desbordarse el rio Carrión, fue interpretada como un castigo divino por el apedreamiento del santo, lo que movió al pueblo y al clero palentino al arrepentimiento. Este sentimiento quedaría luego reflejado en el voto del cabildo y de la ciudad de ir en procesión a la ermita de Santa María del Otero el día 16 de Abril y celebrar allí cultos en su honor.

La procesión y los actos litúrgicos se mantienen durante siglos; al igual que la movilidad de la fiesta conforme al tiempo litúrgico. Si el 16 de Abril caía en Semana Santa se trasladaba la procesión y la misa al martes de Pascua. En 1674 se nombra a Santo Toribio segundo patrono de la ciudad.

En el año de 1745 se reparten entre los pobres que acuden al cerro 48 panes y 12 Kilos de queso. Es en la segunda mitad del siglo XIX cuando varia el reparto del pan y el queso entre los pobres: Se lanzan dichos alimentos desde la ermita por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas a la multitud allí reunida, dando pie a la celebración de la pedrea del pan y el quesillo en reparación de las ofensas cometidas por los palentinos a Santo Toribio.

Actualmente la fiesta se celebra el domingo más cercano al 16 de abril. Declarada de Interés Turístico Regional, guarda las esencias de las romerías añejas, mantiene sus singularidades y goza del sabor y el calor popular. Son numerosísimos los puestos, barracas y atracciones que se disponen en la carretera de acceso a la Ermita del cerro y el Cristo del Otero. El entretenimiento está asegurado y también la compra a precio simbólico de las bolsas de pan y queso, en las que se incluye un texto con la leyenda de Santo Toribio, para quienes se hayan quedado sin ellas durante la “pedrea”. 

Esperemos que el próximo 2021 podamos celebrar todas las fiestas que este año no hemos podido disfrutar. ¡Viva Santo Toribio!


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sábado, 29 de febrero de 2020

Tiempo de Marzas





En la antigüedad los romanos cambiaron el calendario y situaron el inicio del año en el mes de Enero. Anteriormente antes de la civilización romana, los pueblos se guiaban por el calendario lunar y celebraban la entrada del año entre finales de Febrero y principios de Marzo. Este acontecimiento era festejado dando la bienvenida a la primavera en la denominada “Noche de Marzas”.
Las Marzas es el nombre con que se conocen los cantos con los que se recibe al mes de marzo y a los que las cantan se les llama “marceros”. Esta tradición de cantar las Marzas actualmente solo se conserva en Cantabria, Norte de Palencia, León y Burgos  y Asturias.

“A cantar las Marzas
vienen los marceros,
como las cantaban
sus padres y abuelos.”

Antes el grupo de marceros estaba compuesto por mozos solteros que formaban una cuadrilla que se reunía por la noche y salían a recorrer las casas del pueblo. Cuando llegaban a un portal pedían permiso o licencia para cantar o rezar (por si en el domicilio había algún enfermo o fallecido reciente).

“Si nos dan licencia
señor cantaremos
con mucha prudencia
las marzas diremos.”

Después de cantar o rezar, los marceros eran obsequiados con dinero o con vino y alimentos por parte de los vecinos de la casa. Con lo recaudado se hacía una comida, merienda o cena que celebraban "el domingo de comer las marzas" o domingo siguiente al día en que se pedían.

Las denominadas “Marzas rutonas” o “de ruimbraga” son una serie de estrofas que se cantaban cuando los dueños de una casa se mostraban reticentes a donar algo o no abrían la puerta a los rondadores.. Hacían mención a su mal comportamiento y se decían maldiciones de todo tipo:

“A los de esta casa
solo les queremos
que todas las brujas
les chupen los huesos.
A los de esta casa
solo les queremos
que sarna perruna
les cubra los huesos.”

“Aquí vive un andrajoso
cara de pocos amigos
con más costra que un piejoso
y más bujeros que un cribo.”

Como muchas otras tradiciones, “Las Marzas” han tenido que adaptarse  a los  tiempos actuales y en los cánticos ya no sólo participan los mozos, sino todos los vecinos y allegados del pueblo que lo deseen; incluidas obviamente las mujeres.
En Cantabria, -que es el lugar donde mejor se conserva esta tradición de las Marzas-, ahora hay más diversidad e inclusión: Cuentan con coros mixtos, rondas sólo de hombres, grupos de marceros jóvenes, rondas compuestas por mujeres y rondas infantiles, logrando que no desaparezca este legado que nos dejaron nuestros antepasados.





viernes, 31 de enero de 2020

Calles y franceses








El origen del nombre popular con que se conocían las calles es diverso y la mayoría de veces, se pierde en el pasado del origen de las ciudades. Los vecinos conocían cada rincón con los nombres más naturales que se les ocurría, como por ejemplo por el nombre o apodo del residente más noble  que vivía en dicha calle, o por el trabajo a que se dedicaban la mayoría de sus vecinos. Otras veces por la casa más destacada o por algún otro motivo que distinguía dicha calle de las demás.

En Palencia, lo que si conocemos es el momento en que comenzaron a rotularse las calles y la causa que propicio la aparición de las placas, así como la rotulación de los números de cada calle. Esto tuvo lugar en 1809 y fue con motivo de la ocupación de la ciudad por parte de los franceses.

A principios de Enero de 1808 antes del inicio de la guerra, llegan a Palencia alrededor de 3000 soldados franceses, lo que supuso un notable incremento de la población, pues la ciudad contaba con unos 9000 vecinos. De 1802 a 1805 unas fiebres habían acabado con casi 4000 personas.

Aparte de buscar hospitalización para los heridos y enfermos que traían las tropas francesas, también hubo que dar alojamiento a los soldados y a los oficiales y mandos de su ejército, lo que supuso consecuencias funestas para los palentinos, ya que fueron sometidos a contribuciones especiales para pagar los cuantiosos gastos que ocasionaron. Aparte estaban los inconvenientes causados por la convivencia con los franceses, con continuas quejas, peleas, robos y vejaciones, por lo que muchos ciudadanos abandonaron la ciudad como único medio de alejarse de dichos conflictos.

El 5 de junio de 1808 la ciudad se sublevo contra los invasores franceses, asaltando el convento de San Francisco donde estaban acuarteladas las tropas napoleónicas. Poco duro, ya que el general Lasalle tras acabar con la resistencia de Torquemada, entra en Palencia el 7 de junio con varios batallones provenientes de Burgos y se hace con el mando de la ciudad. Las consecuencias fueron nuevos impuestos y la huida de muchos sublevados por temor a represalias.
A partir de ese momento los palentinos se niegan a colaborar con las tropas invasoras: Por todos los medios posibles tratan de  dificultarles el alojamiento, llegando a confundirles con las direcciones de las calles para librarse de que viviesen en sus domicilios.

Los batallones franceses eran renovados con cierta frecuencia, por lo que sobre todo los oficiales cuando conseguían conocer la ciudad debían abandonarla y así tenían muchas dificultades para encontrar su residencia y si preguntaban a algún vecino, este les daba una dirección errónea.
Ante las quejas de los oficiales franceses, en diciembre de 1808, por parte del corregidor y por orden del ejército francés, se tomó la decisión  de comenzar a rotular las calles y los números de los inmuebles de la ciudad, cosa que ocurrió a partir de 1809. Este hecho fue justificado como un símbolo de modernidad introducida por los franceses en la atrasada España, siendo Palencia una de las primeras ciudades españolas en poner en rótulos el nombre de sus calles y sus números correspondientes.




jueves, 26 de diciembre de 2019

"El obispillo"







La fusión de historia, religión y paganismo ha originado a su vez toda una serie de celebraciones en diversas partes del mundo. En nuestro país, lleno de fiestas y festejos, se han dado siempre dichas circunstancias, por lo que no es de extrañar el origen tan antiguo de algunas conmemoraciones.

Muchas fiestas de invierno parecen que están basadas en las “Saturnales romanas”, este podría ser el origen de la llamada “Fiesta del Obispillo”  que se celebra el 28 de diciembre en varias localidades españolas y también en algunas europeas aunque con fecha diferente, cuyas primeras manifestaciones se remontan a la Edad Media (En Palencia parece ser que data de 1212).

San Nicolás de Bari cuya festividad se celebra el 6 de diciembre, era quien traía los regalos de Navidad, como aún sigue sucediendo en Alemania, Bélgica y otros países de Europa. Murió muy joven siendo obispo y dejando su herencia a niños y necesitados, por lo que se convirtió en el patrón de los más pequeños.  En España, sin embargo, en el Siglo XIX los obispos decidieron cambiar esa figura por la de los Reyes Magos de Oriente, debido a la paganización que del santo se había producido, fundamentalmente en Norteamérica, donde se había convertido en Santa Claus.

Ligada desde sus orígenes al ciclo navideño, la fiesta se iniciaba el día de
San Nicolás, en las escolanías de las catedrales y en los grandes monasterios que contaban con coros de voces blancas. Un Niño de Coro era elegido para representar a San Nicolás obispo de Mitra  y considerado protector de la infancia .La ceremonia fue modificándose de fecha trasladándose en algunos lugares al 28 de Diciembre, festividad de los Inocentes, refiriéndose a la inocencia de los niños por lo que se llamó también “obispillo de los Inocentes”.

En esencia la fiesta consistía en elegir entre los escolanos de menor edad,
y que hubiera destacado por buena conducta, tanto en los estudios como con
sus compañeros, para ser investido prelado, al que se revestía con todos los
atributos de esta dignidad eclesial, para ejercer como tal el día de los Santos
Inocentes. Desde los círculos eclesiales, se argumentaba la celebración,
como un momento para exaltar la inocencia de los niños y encumbrar a los
más débiles del estamento social.

En Palencia la fiesta arranca con una misa, para después pasar a  la ceremonia de investidura del Obispillo que se celebra en la Catedral con la participación de la Escolanía Niños del Coro. Después, el Obispillo a lomos de un caballo recorre las calles de la ciudad acompañado por una comitiva formada por danzantes, dulzaineros y pajes  repartiendo entre los niños caramelos y mandarinas hasta que al llegar a la Plaza Mayor y frente al Ayuntamiento, hará una serie de peticiones al alcalde en nombre de todos los niños de la ciudad.

En Burgos esta tradición del obispillo se recuperó en 1987 y en Palencia en 2009. Otros sitios donde se sigue realizando esta fiesta son  el Monasterio de Montserrat en Cataluña,- donde no se llama obispillo sino bisbetó-, y también en algunos lugares de Navarra. Sin embargo, en la Edad Media, estaba bastante extendida, celebrándose bajo formas distintas en Murcia, León, Valencia, Gerona, Lérida, Granada, Sevilla, Mallorca y Gran Canaria entre otros y hasta en Francia, Italia, Alemania e Inglaterra.







lunes, 28 de octubre de 2019

Halloween, Espíritus y Tenorios





El truco o trato y las calabazas terroríficas, se han asentado en España en la noche del 31 de Octubre. La moda del “Halloween” venida de Estados Unidos tiene su origen en antiguos ritos y costumbres paganas –la más conocida la llamada “Samhain” y de origen Celta- que con los años derivaron en lo que hoy se ha convertido dicha celebración, una fiesta al gusto de los americanos que han exportado (o impuesto) al resto del mundo.

El calendario celta, que lógicamente nada tenía que ver con el nuestro, se dividía en dos partes. La mitad oscura comenzaba en el mes de samonios (luna de octubre-noviembre) y la mitad clara comenzaba en giamonios (luna de abril-mayo). Para los celtas, el año empezaba con la época oscura, se pasaba de la luz a la oscuridad, de la vida a la muerte, por lo que en el mes de samonios se celebraba una fiesta de fin de año y también de fin de la temporada de cosechas. Esta fiesta era conocida como el “Samhain”.

Para la religión celta, la muerte era vista como una liberación de la vida terrenal. Se creía que durante el “Samhain” las puertas que separaban el mundo de los muertos del de los vivos se abrían, permitiendo la libre circulación, manteniendo una estrecha relación de los vivos con los espíritus de los difuntos. Por ello, para tenerlos contentos, se dejaban alimentos en el exterior de las viviendas, lo que posteriormente derivó en los dulces que los niños piden por las casas. También era costumbre vaciar nabos y ponerles velas dentro. En Estados Unidos como les sobraban las calabazas, sustituyeron los nabos por dichas calabazas.



Esta tradición que heredamos desde el antiguo rito del Samhain (o Samaín) y que se extendió por buena parte del norte de la Península Ibérica (lo que hoy conocemos como Galicia y Asturias) dio lugar a celebraciones dedicadas a los muertos y espíritus -como la Santa Compaña gallega o la Güestia asturiana- extendiéndose posteriormente por otras regiones con la expansión de los pueblos Celtíberos. Incluso la celebración de la fiesta del Magosto parece que tiene su origen en el Samhain.
Con la llegada del cristianismo la Iglesia Católica, en su
afán de ‘cristianizar’ todas las fiestas de origen pagano, aunó todos esos ritos y celebraciones y así en el año 840, el papa Gregorio IV transforma esa festividad en el “Día de todos los Santos”. La vigilia de celebración que se hacía la noche previa de Todos los Santos se llamaba en inglés All Hallow’s Eve. La pronunciación fue cambiando con el paso del tiempo dando lugar a la palabra “Halloween”, nada que ver con lo que significa actualmente.

A nivel nacional, la tradición que se ha mantenido con el paso del tiempo- aunque con altibajos- ha sido la de representar la noche del 31 de octubre la obra de teatro “Don Juan Tenorio”de José Zorrilla. Parte de sus escenas tienen lugar en un cementerio, entre tumbas y muertos que vuelven a la vida, de ahí que se ofrezca por estas fechas desde finales del siglo XIX, aunque su autor la estrenara el 28 de Marzo de 1844 con poco éxito, al final es la obra más representada en España de todos los tiempos.