jueves, 20 de diciembre de 2018

Ramo de Navidad





En épocas anteriores al cristianismo, el culto a la naturaleza formaba parte de las creencias religiosas y sociales de la mayor parte de los pueblos existentes, y así se rendía culto al árbol y en particular a la rama del árbol como preludio a la primavera y como símbolo de fertilidad en las celebraciones que se relacionaban con el solsticio de invierno y con el comienzo del nuevo ciclo anual.

Este culto al ramo de árbol fue asimilado y fusionado por la Iglesia al parecer a través de las pastoradas (pequeños autos de Navidad que se celebraban en los atrios de las iglesias) para cantarle en los templos y en muchos lugares rifarle durante las fiestas navideñas.

En efecto, al llegar la Navidad se preparaba este ramo, adornándolo las muchachas del pueblo con cintas de colores y colocando en el los dulces típicos de estas fiestas, es decir polvorones, galletas, caramelos, manzanas y sobre todo rosquillas.

En la Misa del Gallo se presentaba el ramo en la Iglesia pidiendo permiso al párroco, cantando canciones generalmente de ofrecimiento del ramo ( las cuales han tomado el nombre de "ramo de Navidad") por grupos de jóvenes principalmente mujeres. Durante todas las fiestas se vendían papeletas de la rifa y  se sorteaba el ramo por lo general el día de Reyes.

“Vamos a misa de gallo los pastores y zagales,
a ver al recién nacido, que está entre dos animales.
En este portal estamos, en este santo portal,
esperando al señor cura, la licencia nos dará.
Estas puertas son de pino, las cerraduras de plata,
la licencia nos dará para entrar en vuestra casa.
La licencia ya tenemos, doncellas vamos entrando
por esta sagrada iglesia, con este florido ramo.”

(La Lastra, montaña palentina)

Existían variantes dependiendo del lugar donde se hiciese el ramo: en zonas de León, en vez de rama de árbol se utilizaba un esqueleto o armazón de madera, que solía ser de forma triangular, apoyado en una vara de madera que se colocaba en forma vertical sobre una peana que le servía de soporte.

En la actualidad en la provincia y sobre todo en la capital leonesa, ha vuelto a coger mucho auge estos “ramos leoneses de Navidad”, decorándolos de diferentes formas en lo que se ha llamado “vestir el ramo” y así no faltan lazos, cintas, mantones, frutas y rosquillas. En el centro va un ramo de acebo, tejo, laurel u otras ramas de hoja perenne. En la base se coloca una cesta con castañas y nueces a modo de ofrenda.
El ramo leonés más antiguo que se conserva data del año 1882 estando expuesto en el Museo de las Alhajas de la Bañeza.

El ramo de Navidad está documentado también en Ávila, Cantabria, Palencia, Zamora y Salamanca. En la provincia de Palencia se localizaron estos ramos sobre todo en la zona norte, en localidades como San Martín de los Herreros, Alba de los Cardaños, Triollo, La Lastra, Vidrieros, Camporredondo, Lores y Velilla del Rio Carrión.





lunes, 19 de noviembre de 2018

"La Cestilla"


Las calles de Palencia como las de otros lugares de España, han variado muchas veces de nombre, la mayoría por el cambio de los tiempos y la dependencia del poder de los gobiernos establecidos en diferentes épocas. Así los nombres relativos a gremios, a antiguos oficios o nombres de ascendencia medieval, fueron desapareciendo del callejero en favor de alcaldes y generales, de gobernadores y obispos, de condes y ministros, en fin, cambios por nombres adictos al poder establecido en ese momento.

Es el caso que nos ocupa hoy: “La calle de la Cestilla “en pleno centro de Palencia, en el sitio conocido como Los Cuatro Cantones. A pesar de denominarse con muchos nombres (Nueve de Agosto, Conde de Garay, Alcalá Zamora, General Franco etc.), entre los palentinos siempre se la conoció con el nombre de La Cestilla por su vinculación con la cárcel que existió en dicho lugar.

La Casa de la Audiencia y Cárcel Real, fue mandada construir por la Reina Isabel la Católica en piedra de sillar y ladrillo con dos entradas: una por la actual calle Mayor y la otra por la adyacente a esta, la calle de la Cestilla. La cárcel tenía dos plantas, la planta baja para calabozos de mujeres y  la planta superior para calabozos de los hombres. En esta planta superior también se encontraba un cuarto llamado de “La Cestilla”, donde era almacenado el pan en cestillas para los presos y parece ser que aquí está el origen del nombre de la calle.

Existe también otra versión más conocida y popular del origen del nombre de esta calle, que nos dice que en la cárcel a determinadas horas del día, colgaba de una ventana que daba a dicha calle, una pequeña cesta (cestilla) para que los vecinos aportasen comida a los presos y así paliar algo el hambre que pasaban. Téngase en cuenta que a los confinados se les daba una pequeña cantidad de rancho y a los que realizaban trabajos públicos se les abonaba una mínima cantidad de dinero, que se les retenía para calzado y vestido de los mismos (en 1816 esta cantidad era de un real diario).

Sea una u otra historia, hoy la calle se vuelve a denominar oficialmente como siempre estuvo en la boca de los palentinos: “Calle de la Cestilla”. Por cierto, desde 1971 el lugar donde se hallaba la cárcel lo ocupa la oficina central del Banco de Bilbao (luego BBVA) en Palencia, en los bajos de un edificio moderno de varias plantas de pisos, que rompe con la estética de la arquitectura de la calle Mayor.
Buen sitio para un banco....










sábado, 27 de octubre de 2018

Llega el Magosto: A la rica castaña





En la antigüedad el fruto del castaño es decir la castaña, fue uno de los pilares de la alimentación de gran parte de los españoles, bien como fruto fresco, seco o molido para hacer harina. Con la llegada del maíz y la patata de América, la castaña perdió protagonismo en la dieta del pueblo, pero hoy todavía sigue siendo un alimento importante sobre el cual se mantienen tradiciones ancestrales.

Al llegar el mes de Noviembre se celebra “El Magosto”, sobre todo en Galicia, Asturias, Cantabria, León, Zamora, Salamanca y Cáceres, aunque con distintos nombres: En Cantabria se llama “Las Magostas “y en Asturias El amagüestu (también llamado magüestu, magostu o amagostu). Parece ser que la palabra “Magosto” significa “hoguera para asar castañas” y procede del latín.

La celebración tiene como componente esencial a la castaña: La gente se reúne al aire libre en torno al asado de castañas. Se festeja que se acaba el tiempo bueno y llega la época otoñal, siendo sus principales protagonistas la castaña como elemento que da la vida y el fuego como elemento que la purifica, lo cual nos lleva a la procedencia de antiguos ritos( quizás al Samhain, la festividad de origen celta más importante del periodo pagano en Europa), siendo adoptados por el cristianismo a su manera, ya que con posterioridad fue asociada a los santos y fieles difuntos, trasladándose y fijándose como fecha de celebración el día 1 de noviembre, sin perder su primitiva concepción de conmemoración de la muerte en el recorrido solar anual.Luego la fiesta se ha ido adaptando a las fechas que mejor han convenido a cada municipio, siempre entre últimos de octubre y primeros de noviembre.

Entre los gallegos, se tiene la creencia de que las ánimas, bajan a calentarse al lado del fuego del magosto. Y cada castaña comida es un alma que se salva.

En Asturias se acompañan las castañas con sidra dulce. Al finalizar, las castañas que sobran se suelen tirar al suelo diciendo: “¡Esto ye pa que xinten los difuntos!” (En castellano, “¡Esto es para que coman los difuntos!”).

En Cantabria, en algunos lugares durante esa noche, se deja el fuego del hogar encendido y algunas castañas asadas en la cocina por si aparecen las almas de los familiares difuntos.

En muchos sitios aparte de las castañas, aprovechando el fuego se asan chorizos y otras viandas y se prueba el vino nuevo. También los mozos se tiznan la cara  y saltan la hoguera. Se come, se bebe y se canta en una fiesta en la que suele haber juegos tradicionales y diversas actividades en grupo.




"No las quiero, no las quiero,
castañas de tu magosto,
no las quiero, no las quiero,
que me saben al chamosco"




martes, 25 de septiembre de 2018

Canciones durante la guerra civil









Está de actualidad la exhumación del cadáver del dictador enterrado en el valle de los caídos y la utilidad que se pueda dar al complejo que hay montado en torno a la multitud de cadáveres enterrados allí. Muchos fueron los represaliados del ejército republicano que trabajaron y murieron en su construcción, por lo que no es de recibo que algunos lo consideren como un símbolo de reconciliación entre los dos bandos que lucharon en la contienda.
Cabe recordar que la guerra civil se produjo por el levantamiento de una parte del ejército sobre el legítimo gobierno de la república salido democraticamente de las urnas.

Pero lo nuestro son  las tradiciones y el folklore, así que vamos a escribir sobre las canciones populares que se cantaban durante la guerra civil española.
Lo primero es decir que en ambos bandos se cantaron parecidos o iguales temas pero cambiadas las letras de acuerdo a las ideologías de cada uno, ya que dichas canciones eran una parte de la propaganda bélica, servían a su vez  para mantener alta la moral de la tropa y de la retaguardia de ambos bandos. Es el caso por ejemplo de “Si me quieres escribir” que comenzaba así: 
“Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero
En el frente de Gandesa, primera línea de fuego”. (Bando sublevado)
“Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero
Tercera Brigada mixta, primera línea de fuego”. (Bando republicano)
La melodía estaba basada en una antigua canción de las unidades militares españolas que combatieron en las guerras del Rif, en el norte de Marruecos.

¡Ay, Carmela! era una canción popular del siglo XIX, que cantaban los guerrilleros españoles que luchaban contra las tropas de Napoleón en 1808. En el transcurso de los años su letra se adaptó a las circunstancias sociales y políticas. En la guerra civil se cantó con diversas versiones y se la conoce con distintos títulos como “El paso del Ebro” o “la XV Brigada Internacional.”
 
“El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la.               
El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba la
una noche el río pasó,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
una noche el río pasó.” 



El Café de Chinitas fue un teatrillo o café cantante que existió en la ciudad de Málaga entre 1857 y 1937. Era un local de pequeñas dimensiones con un pequeño escenario famoso por sus espectáculos flamencos. Lorca recoge de unas coplillas un episodio protagonizado por el famoso torero gaditano “Paquiro” y años más tarde de “En el café de Chinitas” sale  “En la plaza de mi pueblo”.

“En el café de Chinitas dijo Paquiro a su hermano
Soy más valiente que tu más torero y más gitano”
“En la plaza de mi pueblo dijo el jornalero al amo
Nuestros hijos nacerán con el puño levantado”

Y muchas más canciones a las cuales transformaron sus letras (sobre todo en el bando republicano), para convertirse en verdaderos himnos de la contienda (El popular Vito se transformó en “El quinto Regimiento”, “Los cuatro muleros” en “Puente de los Franceses” o “Los cuatro generales”, “Anda jaleo” en “El tren blindado” etc.). Hasta el batallón Lincoln adaptó una melodía del folklore anglocanadiense como "Red River Valley" a la intervención de los voluntarios norteamericanos en la batalla del Jarama y la llamó “Jarama song”.

El escritor Luis Díaz  Viana nos dice: “Gran parte del Cancionero de la Guerra se alentó y difundió desde retaguardia, contra lo que pudiera pensarse, pero, cuando el combate cesaba, las canciones cobraban gran importancia en aquella "primera línea de fuego" de la que nos hablan las coplas de uno y otro bando”.







jueves, 30 de agosto de 2018

Las Ferias del año 1900





Las Ferias y Fiestas de Palencia en honor a su patrono San Antolín, se venían celebrando después de terminada la cosecha y las faenas agrícolas del campo, es decir últimos días de agosto y primeros de septiembre. Así ha sido hasta que hace unos años a nuestros vecinos vallisoletanos se les ocurrió cambiar su calendario festivo y con ello trastocar las fechas de varios municipios de la comunidad (el pez grande se come al chico y los feriantes se van a las poblaciones más habitadas).

Pero dejando polémicas aparte, las Ferias y Fiestas en Palencia se distinguieron por desarrollarse en torno a tres actividades bien diversas: Música, teatro y toros. Volviendo la vista atrás, vamos a remontarnos a las Ferias del año 1900, es decir principios del siglo XX.

En 1900 las Fiestas comenzaron el 1 de Septiembre sábado, con inauguración de la Feria a las 12 de la mañana con disparo de cohetes y bombas, gigantes y cabezudos y la banda de música recorriendo las calles de la ciudad. El Obispo y la corporación municipal, distribuirían 500 pesetas entre los vecinos más necesitados.

El día 2 domingo y festividad de San Antolín, después de las dianas amenizadas por la banda de música y dulzaineros del país, se procedió a los cultos religiosos en honor del patrono en la santa iglesia catedral, con asistencia de las autoridades municipales.
A las cuatro de la tarde corrida de toros con los matadores Francisco Bonal y Antonio Montes. A las 8 de la tarde iluminación del paseo y jardines del Salón de Isabel II, con lanzamiento de globos grotescos y baile amenizado por la banda municipal de música.

Durante los días siguientes y hasta el día 6 hubo prácticamente lo mismo: dianas  y pasacalles, toros, conciertos musicales por la Banda Municipal y bailes de sociedad en las sociedades de recreo. También se ofrecieron una colección de fuegos artificiales y acuáticos a orillas del rio Carrión. Y una sesión gratuita en el Paseo del Salón de Cinematógrafo Mágico.
Todas las noches de la temporada de Feria, en el Teatro Principal actuó la gran compañía del Teatro Lara de Madrid con su nuevo repertorio. Por cierto los abonos para doce funciones costaban 180 pesetas las plateas y 30 las butacas.

Así mismo los días 2,3 y 4  hubo Ferial de ganado y se situaron puestos de quincalla y bisutería en la Calle Mayor Principal.
Como se ve, unas Ferias sencillas de acuerdo a aquella época y a las posibilidades económicas de que disponía un municipio que contaba en dicho año con 15610 habitantes.




domingo, 29 de julio de 2018

Música desde la cocina







Dentro de los instrumentos tradicionales de percusión, se encuentran varios  que tenían como principal uso el culinario, es decir utensilios o cacharros que había en todas las cocinas y que servían como acompañamiento musical a jotas, rondas, seguidillas, fandangos etc.

De entre estos instrumentos relacionados con la cocina destacan el almirez y el mortero.

El nombre de almirez proviene del árabe al-mirhas (instrumento para machacar) y que según  la Real Academia de la Lengua es “un mortero de metal pequeño y portátil, que sirve para machacar o moler con él”. Consiste en un recipiente en forma de cuenco llamado vaso y un mazo también llamado mano. La mano a su vez se divide en mango y cabeza. Suele estar hecho de cobre, bronce o latón, por lo que a veces produce “cardenillo”  o “verdín” y  puede resultar venenoso.


Es un idiófono percutido, y para tocarlo la parte llamada mano se golpea contra las paredes del vaso o contra el fondo del mismo alternativamente, procurando agarrar el vaso lo menos posible para dejarlo sonar libremente. Lo normal es coger la mano del almirez de forma inversa a la habitual de machacar, es decir se toma por la cabeza y se percute por el mango.

El mortero es un almirez generalmente de madera, aunque en las boticas se usaban de porcelana o cerámica para preparar mezclas de diversos ingredientes de una prescripción médica. Se toca de igual forma que el almirez.

Otros ejemplos de adaptación de útiles de cocina a instrumentos musicales de percusión son cucharas, sartenes, calderos, tapaderas o la botella de anís raspada con un tenedor metálico sobre sus estrías.

En definitiva, se aprovechaba de la cocina (y de la casa en general) los utensilios que hicieran ruido y se tuvieran a mano, sin tener que gastar  el dinero que no había  y se convertían en instrumentos musicales para amenizar al pueblo llano.



jueves, 21 de junio de 2018

Las 12 están dando






El reloj de la Puerta del Sol, se ha convertido en el corazón mecánico de los españoles ya que desde su inauguración en 1866, no ha dejado de marcarnos el principio de cada año con sus típicas campanadas. Un reloj con una larga historia ya que se tardó  cuatro años en construir, pero su creador aún tiene una historia más curiosa y aventurera que la del propio reloj.

José Rodríguez Losada nació el 19 de marzo de 1801 en Iruela, una pequeña localidad de la comarca de La Cabrera (provincia de León). A la edad de 17 años se fue de su casa por temor a su padre, ya que estando con el ganado perdió una ternera que después de buscarla apareció muerta. Un arriero le lleva desde Puebla de Sanabria a Extremadura y después de pasar distintas vicisitudes, aparece en Madrid  en 1828 como oficial del ejército.



Huye a Francia desde Madrid recorriendo el trayecto a caballo, perseguido por la justicia por sus ideas liberales. De Francia acaba en Londres, ciudad que recoge a los exiliados españoles de aquellos años y logra un empleo como mozo de limpieza en una relojería. Con una habilidad especial consigue con las maquinarias deshechas y tiradas a la basura componer verdaderos relojes. Poco a poco el maestro relojero ve  su talento, logrando confiar en él hasta llegar a nombrarle oficial relojero.
Al morir el maestro relojero, Losada se hace cargo de la relojería, expandiendo el negocio por España e Iberoamérica, consiguiendo unos relojes y aparatos de medición que son la envidia de los fabricantes suizos.

El reloj de la Puerta del Sol, lo construyó en su taller de Londres y fue un regalo para el pueblo de Madrid ya que no cobró nada por él. Se inauguró el 19 de noviembre de 1886 con motivo del cumpleaños de Isabel II. En una campana hay grabada una dedicatoria a la reina. Es un reloj con una extraordinaria maquinaria de precisión, que a día de hoy funciona igual que cuando se construyó, ya que no dispone de ningún mecanismo eléctrico.

José Rodríguez Losada
Rodríguez Losada contrajo  matrimonio el 18 de agosto de 1838 con Ana Hamilton Sinclair. No tuvo hijos. Falleció, el 6 de marzo de 1870, en Londres dejando una inmensa fortuna que heredaron sus hermanas, un sobrino, así como su médico y sus sirvientes.

En vida, no se olvidó de su pueblo leonés: costeó un nuevo retablo y altar de la iglesia, y también enseñó el oficio a dos de sus sobrinos, que trabajaron para él en la relojería de Londres. Financió al poeta José Zorrilla, el cual en prueba de agradecimiento compuso la obra en verso  “Una repetición de Losada (1859)”. Asimismo, mantuvo su vinculación profesional con España al construir varios relojes importantes: el del Ayuntamiento de Sevilla (trasladado a mediados del siglo XX a la iglesia hispalense de la Concepción), el de la catedral de Málaga y el del Arsenal de Cartagena.






lunes, 28 de mayo de 2018

El Corregidor y la Molin…era




 La figura del corregidor surge en el siglo XIV como delegado del rey en los grandes municipios con jurisdicción sobre la tierra de su entorno, para reconducir hacia el control real a unas administraciones dominadas por autoridades locales, elegidas conforme a sus fueros, que ejercían el poder y la justicia de acuerdo con sus propios intereses y conveniencias particulares. Era el cargo administrativo que unía el nuevo poder absoluto de las monarquías con el poder local de las ciudades. 
El Rey le nombraba como corregidor en las ciudades más importantes con la finalidad de presidir el ayuntamiento y era el máximo cargo en las funciones gubernativas de la ciudad. Alrededor de 1833, el cargo de corregidor empezó a ser menos importante porque se instauraron los gobernadores políticos y se remodeló el sistema judicial.

Alfonso José Marsilla de Teruel conde de Moctezuma, fue nombrado corregidor de Madrid por Fernando VII en 1814 a su vuelta de Francia. Se consideraba heredero de Moctezuma II y por tal motivo intento coronarse emperador de México cuando estaba a punto de independizarse de España, cosa que no consiguió.

Estando  de corregidor en Madrid, se enamoró de la bailarina del teatro de la Cruz Antonia Molino, lo que dio motivo al pueblo de la Villa a desempolvar el antiguo romance del corregidor y la molinera añadiendo algunas estrofas nuevas. Los ciegos vendieron el romance por las calles y plazas gritando: ¡a dos cuartos el romance del corregidor y la molin…era! Se han documentado distintas variantes de este romance en pliegos de cordel de 1821 y 1859.



Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), afirma que este romance es la base sobre la cual construyó Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891) “El sombrero de tres picos”.

Finalmente digamos que Alfonso José Marsilla de Teruel, tuvo que dejar el cargo de corregidor de la Villa de Madrid  a consecuencia de la ojeriza que le cogieron los madrileños por prohibir que se echasen perros a los toros que salían mansos en las corridas.